Robert Stearns en «The Jerusalem Post»: La historia se repite en Israel

A principios de la década de 1990, tras la caída de la Unión Soviética, los judíos rusos y ucranianos acudieron en masa a Israel, ya que su región de origen se encontraba sumida en una crisis económica y el futuro de la comunidad judía de Europa del Este era sumamente incierto.

Ahora está volviendo a ocurrir: miles de judíos ucranianos han huido de los horrores de la guerra para empezar una nueva vida en Israel. 

Las familias ucranianas han sufrido penurias inimaginables a causa de la invasión rusa. Por su parte, Israel ha abierto de buen grado sus puertas a una afluencia masiva de estos refugiados, apoyándose en gran medida en sus organizaciones humanitarias para ayudar a acoger a la nueva población de inmigrantes que llegó sin prácticamente nada.

¿Cómo es posible que una nación que se enfrenta a numerosos retos políticos y sociales (por no hablar de las constantes amenazas existenciales contra su población) se una en torno a una empresa de tal envergadura, y además con tanta rapidez?

Desde el renacimiento del Estado de Israel, su territorio se ha convertido en un refugio físico y espiritual para los judíos procedentes de los rincones más recónditos de la diáspora, lo que ha dado lugar a una peregrinación masiva sin precedentes.

Como cristiano que ha pasado gran parte de su vida adulta en Israel y entre el pueblo judío, si soy sincero, mi propia tradición religiosa no tiene equivalente a una comunidad tan interdependiente, a un pueblo unido por una unidad inherente a pesar de las barreras del idioma y las diferencias culturales.

Sin embargo, la historia se está repitiendo en Israel: los judíos hacen lo que siempre han hecho: vivir como pueblo.

En mi opinión, la noticia más destacada de hoy no es lo que ha provocado la agresión rusa de Putin —por muy atroz que haya sido y por mucho que haya sido condenada, con razón, por toda la comunidad internacional—. Para mí, la historia más conmovedora es lo que ha hecho el pueblo de Israel al abrir sus fronteras, una vez más, a quienes proceden de países extranjeros devastados por la guerra. 

Desde los «refuseniks» hasta los etíopes, pasando por los checos, los polacos y los occidentales procedentes de las Américas… todos ellos han encontrado una nueva vida en Israel. En tan solo 74 años, casi tres millones y medio de personas. Para una nación con una población total de menos de 10 millones de habitantes, es una cifra verdaderamente notable.

Mientras el mundo cuente con un Israel fuerte, el «judío errante» tendrá un lugar al que llamar hogar. Y eso es algo en lo que el resto de la comunidad internacional puede inspirarse; además, es solo una de las muchas razones por las que nuestro aprecio y nuestra solidaridad con Israel deben crecer a la par de cada ejemplo histórico que nos ofrece su pueblo.

El obispo Robert Stearns es el fundador y director ejecutivo de Eagles’ Wings, un movimiento mundial de iglesias, ministerios y líderes.

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